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Para
hablar de August Bernaerts, al margen de su origen holandés,
su rigurosa preparación académica y toda su
trayectoria "íntima" como artista frente
a la naturaleza... digo NATURALEZA UNIVERSAL en palabras mayúsculas:
hay que sondear en un pozo muy profundo, que como un "iceberg"
aflora por sorpresa y de forma imprevisible a través
de su subsconciente, plasmándose contundentemente en
su creación artística... pero de forma inquebrantable
y fiel a su personalidad, es decir: profunda.
El academicismo
de Bernaerts, paradójicamente perece frente a su propia
y aplastante autodidaxis.
Las tendencias
surrealistas, hiperrealistas, figurativas y abstractas del
artista mientras se manifiestan en su obra entremezclándose,
son regidas rigurosamente por el sólido criterio que
esencialmente sufre por la humanidad y su evidente "inarmonía
con la naturaleza". Ésta es la esencia de August
Bernaerts y la consecuencia de su pintura: hay una gran carga
de compasión por el mundo en ellas, la preocupación
que sólo desde el aislamiento introvertido de las personas
"especiales", puede detectarse como verdaderas "rarezas"
naturales. En el caso de un pintor como él, se manifiesta
transmitiéndonos un complejo discurso a través
de su lenguage de colores y formas:
Los colores,
plasmados emocionalmente y nacidos de un mundo etéreo
y espiritual, son la impronta constante de su expresión
mientras discurren por la queja, el miedo, la tristeza, la
esperanza, el deseo o la alegría...
Las nubes
son un buen "termómetro" del estado de su
ser y el "argumento" que acompaña a la crítica
que expone en cada obra: nos habla de turbulencia, guerras,
pasiones, paz, sueños e incluso recuerdos.
Las formas
humanas son nítidas cuando él quiere hacerlas
protagonistas igual que estremecedora la expresión
de una pobre pidiendo, al tiempo que el cuerpo se olvida...
La luz,
en contraste con los grises, verdes, ocres, azules, negros,
rojos... preside el conjunto, en lucha con ellos y delatando
místicas inspiraciones, posiblemente como último
resorte de esperanza.
La arquitectura
y los objetos reales, aunque nuestro artista tiene un gran
dominio sobre ellos, tan sólo aparecen de forma simbólica
como el mensaje en "la atmósfera rota" en
el que se compara un monumento derruido, con el ocaso de nuestro
planeta. ¿Será que los creadores también
somos hijos de un padre y hermanos de todos y todo lo que
nos rodea?.
Leo en
la obra de August Bernaerts un serio sentimiento que nos ofrece
fraternalmente, desde su microcosmos, como una persistente
llamada de "morse" a la humanidad: la culminación
de sus obras reside en la comprensión del mensaje y
la entrañable admiración que conlleva descubrirle.
Fdo:
Luis Marcelo de Valenzuela
Vicepresidente de la organización para la defensa del
patrimonio histórico - artístico y natural.
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